miércoles, 14 de julio de 2010

SOBRE LA CÁRCEL y la MEMORIA

Intervención del Senador López Goldaracena en sesión del Senado del 13 de julio de 2010

SENADOR LÓPEZ GOLDARACENA.- Señor Presidente: con profundo dolor vamos a realizar esta intervención. No vamos a traicionar nuestra más profunda convicción en el sentido de que las cárceles violan los derechos humanos y no constituyen un instrumento de resocialización. Vamos a apoyar y a votar este proyecto de ley en el entendido de que, obviamente, nos encontramos ante una situación de emergencia que nos impone y obliga a tomar medidas inmediatas, pero existe la necesidad de reflexionar sobre medidas de fondo. El aparato y el control penitenciario forman parte del control penal, y éste involucra a las instituciones estatales. Comprende no solamente el plano de ejecución, es decir, el aparato penitenciario, sino también la creación de normas jurídicas para penalizar conductas y los procedimientos de aplicación: el derecho y el proceso penal.

Señalé al comienzo de mi exposición que no existe resocialización en la cárcel; la privación de libertad no readapta ni resocializa. Eso es una mentira, una falacia y un mito. Por el contrario, diría que la cárcel y la privación de libertad en las situaciones actuales remarginaliza, vuelve a segregar y marginalizar a individuos que en lo previo ya estaban en esa condición. La cárcel es un instrumento de control social pero, insisto, no de resocialización, y debemos tenerlo claro. A pesar de que en nuestro Derecho Positivo se incorporó el principio de la resocialización, de la reeducación y de la readaptación, tanto a nivel legal como constitucional, ya en la década del 30, cuando nuestro codificador presentó el Código Penal, señalaba en sus notas que se trataba de un Código de política criminal que respondía a las exigencias de la defensa social. En su nota al artículo 70 del Código Penal expresa que el que crea que la cárcel reforma por sí misma es un iluso; por el contrario, la cárcel, la medida privativa de libertad, genera una subcultura que luego reproduce la delincuencia extramuros.

Por lo tanto, señor Presidente, frente a una situación de emergencia carcelaria tenemos que reflexionar sobre este tema, porque el problema de la cárcel es la cárcel. No existe –como han dicho prestigiosos juristas– la mejor de las cárceles ni la mejor de las leyes carcelarias. Lo que sí podemos hacer es atemperar los efectos de la violencia, de ese universo de la violencia que en sí mismo es la privación de la libertad, modificando “in totum” el control penal, desde las normas que tipifican delitos y penas hasta el proceso penal por el que se las aplica, dejando la privación de libertad para aquellos casos extremadamente graves, examinando e incorporando penas alternativas, teniendo en cuenta la satisfacción y el derecho de las víctimas, pues estas son las grandes olvidadas de nuestro sistema de control penal. Y esto no pasa por liberar a los presos, sino por el contrario. Importa reflexionar sobre el control penal y sobre qué conductas deberían ser susceptibles de ser penadas con privación de libertad y encierro –que en sí mismo, reitero, no es socializador–; debemos pensar en qué mecanismos alternativos podemos involucrarnos para generar readaptaciones. Cuando hablamos de “readaptaciones” es porque se supone que antes el individuo estuvo adaptado, y aquí volvemos al principio: a la remarginalización que produce la cárcel.

Señor Presidente: en las situaciones actuales la cárcel no resocializa. Eso es un mito; debemos legislar y desmitificarlo.

Frente a una situación real de hacinamiento y emergencia como la que venimos denunciando desde hace años, se imponen de inmediato medidas de urgencia; pero cuando se legislan medidas de urgencia debemos abocarnos a dictar normas estructurales que tengan presente, en la especie, todo el sistema de control penal.

En resumen, con estas reservas y consideraciones, vamos a apoyar este proyecto de ley, con muchísimo dolor debido a lo que sucedió.

Sin embargo, cuando decimos que la cárcel no resocializa, no podemos ser inocentes: la cárcel cumple una función social y eso es lo que nos duele. La cárcel no fracasa; la cárcel es funcional al sistema; la cárcel encierra a los excluidos y eso es sobre lo que debemos reflexionar. ¿Es este el sistema de control penal que pretendemos? ¿O siempre vamos a estar procurando paliativos?

Decía Alberto Binder que pensar que la cárcel puede resocializar por el encierro es lo mismo que pensar que se pueda aprender o enseñar a jugar al fútbol dentro de un ascensor. No se puede educar ni reeducar para la libertad sin el ejercicio de la libertad.

En consecuencia, las medidas que estamos votando para solucionar la situación de emergencia de hacinamiento en las cárceles son, precisamente, medidas de emergencia, pero abogamos para que no se construyan más cárceles de encierro que violen los derechos humanos; abogamos para que realmente exista una profunda transformación de nuestro sistema de control penal; abogamos, también, para que en el cumplimiento de algunas de las disposiciones que estamos votando no perdamos la memoria.

Quisiera que el Penal de Libertad y el de Punta de Rieles no sigan siendo utilizados como cárceles. Fueron emblemas de la represión durante la dictadura cívico- militar; en 1985 se vaciaron, pero fueron reciclados en democracia ante una sociedad adormecida que siguió comprando el control duro como un elemento de seguridad, olvidando propuestas concretas y sentidas que afirmaban que esas estructuras deberían pudrirse al sol como una forma de recuerdo permanente de la opresión que sufrió el pueblo uruguayo. Sin embargo, reitero, se reciclaron en democracia, como ejemplo de un control duro. Hoy estamos votando medidas para la conservación y el reciclaje de esas estructuras, pero también estamos votando la posibilidad de que presos comunes se internen en instalaciones militares en forma transitoria, y nosotros abogamos para que no se utilice el Penal de Punta de Rieles. Habríamos preferido –y ya daremos la discusión en su momento– que se desafectaran inmuebles del Ministerio de Defensa Nacional, asignándolos a un nuevo ente que tuviese a su cargo el control penitenciario. Frente a la situación de emergencia vamos a votar esta disposición, pero teniendo presente lo ya adelantado: en algún momento los Penales de Libertad y de Punta de Rieles deberán ser rescatados como símbolo de la memoria.

Por tanto, teniendo presente lo manifestado en cuanto a la necesidad de profundizar un debate sobre todo el control penal, el Derecho Penal, el proceso penal y la ejecución penitenciaria, desmitificando que la cárcel sirva para resocializar, con plena conciencia de que, no desde ahora sino desde hace décadas, el sistema penitenciario está violando los derechos humanos, frente a la real necesidad de tomar medidas de urgencia, y con las salvedades expuestas, vamos a acompañar este proyecto de ley con profundo dolor.

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